Orange is the new black: fin de la cuarta temporada y lágrimas. Muchas lágrimas.

La verdad es que yo no he sido nunca de hacer muchas reseñas. Y menos reseñas de series. Pero oye, nunca es tarde para reinventarse. Además, ayer mi madre y yo terminamos la cuarta temporada de Orange is the new black (a partir de ahora OITNB, que es mucho más cómodo, copón) y como que necesito llorar un poco y desahogarme. Bueno, e intentar separarme del sofá, que se nos quedó el culo pegadísimo cuando terminamos el último capítulo. La última escena me sigue persiguiendo.

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Estoy bien, estoy bien (Fuente)

OITNB se ha hecho un hueco en el podium de mis series favoritas de los últimos años. Considero que es una serie magistral y que el dominio que tienen los guionistas a la hora de crear personajes carismáticos, distintos a lo que estamos acostumbrados y diversos entre sí es increíble.

Para quién no la conozca (algo que me parece extraño a estas alturas de la película), decir que es una serie que, de primeras, parece sencilla. Piper, a la que considero “una chica bien” se da de bruces con un delito que cometió cuando salió de la universidad y acaba haciendo un pacto con el juez, por el que va a la cárcel durante (creo recordar) 15 meses. Hasta ahí vamos bien y puede parecer que no va a traer grandes sorpresas. Es una cárcel, ¿qué sorpresas y emociones fuertes me va a traer una cárcel de mujeres en EE.UU.?

Pues las trae. Vaya que si las trae.

Si no has visto la serie, querido sugus azul, ya estás perdiendo el culo. En serio te lo digo.  Y cuando te hayas terminado las cuatro temporadas (de 13 capítulos cada una, que es que no es ná) que hay hasta la fecha, vuelves y lloras conmigo. Porque si algo considero que caracteriza y define la cuarta temporada y sobretodo el final de la misma son las emociones fuertes.

AVISO: POSIBILIDAD DE SPOILERS

Puede que mezcle cosas, ¿vale? Mi madre y yo nos hemos visto las cuatro temporadas seguiditas y sin pausas (a ver, que nos fuimos a Lanzarote y nos llevamos capítulos para ver en el avión; nos comimos prácticamente una temporada entera entre la ida y la vuelta), así que tengo un poco difusos los límites entre la tercera y la cuarta temporada. Pero, si no me equivoco, para estas alturas Piper ya se había vuelto una mafiosa de cuidado y ya la tenía montada con María por el negocio de las braguitas. Daya ya había tenido al bebé y los funcionarios de las primeras temporadas se habían ido porque la cárcel se había convertido en una cárcel privada, ¿verdad?

En contra de todos mis pronósticos, Bennett todavía no ha vuelto. ¿En serio, Bennett? ¿En serio? Te creía menos cabrón. Mi madre y yo teníamos sospechas de que volvería cuando Daya diera a luz, pero no. Ni con esas. Y ahora, sinceramente, soy de la opinión de que los guionistas decidieron dar carpetazo al asunto de Bennett y el bebé. Al fin y al cabo, tienen muchísimos frentes abiertos y es imposible abarcarlos todos. Pero eso no quita que Bennett se haya comportado como un cabroncete. Con lo que me gustaba la historia de Daya y Bennett.

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Joder, es que eran monísimos (Fuente)

Pero bueno, supongo que las gallinas que entran por las que van saliendo. En resumen, que haya vuelto Nikki me encanta, porque es un personaje al que tenía muchísimo cariño. Y qué os voy a decir, la actriz me chifla. Además, también vuelve Sophia lo que siento por Laverne Cox es amor incondicional). Y tengo ganas de saber cómo se desenvuelve toda su trama porque, joder, lo que hicieron con ella no tiene nombre. He de decir que me gusta un montón, a pesar de lo duro y cruel de la situación que sufre Sophia en la cárcel, cómo está llevada toda la trama de la transfobia dentro de la serie. Cómo en un principio no pasa nada porque Sophia sea trans, pero cómo después y por un simple desacuerdo personal, todo acaba saliéndose del tiesto para acabar convirtiéndose en un asunto de transfobia grave. Cada vez que aparecía Sophia en aislamiento, cada vez que nos daban un cachito de ella, se me partía el corazón. Y cuando no aparecía Sophia en el capítulo o ni siquiera se la mencionaba, se me partía todavía más. No me voy a meter en discutir si está bien enfocado o no este tema, sobretodo con todas las alarmas que siempre saltan hacia el maltrato de los personajes LGTBI en las series for the plot, pero sí que creo que tengo que decir que no considero que este sea uno de esos casos. Es decir, dentro de la serie sí maltratan a Sophia por su condición de trans, pero no creo que los guionistas lo hayan hecho, simplemente, para hacer un plot twist.

Esto da para un análisis mucho más profundo. Me lo apunto.

Todo esto de los reencuentros con personajes que habían desaparecido temporalmente me lleva a otras incorporaciones que hubiera deseado que no se produjeran: los nuevos funcionarios. Me dan asco. En serio, asco puro y duro. Supongo que eso está bien, porque he de decir que los anteriores funcionarios, aunque adorables y carismáticos, eran “poco reales”. Es decir, no creo que fueran demasiado realistas; era como si fueran colegas de las presas y no sé qué me da en la nariz que eso muy cercano a la realidad no creo que sea (ojo, cero experiencia carcerlaria tengo, eh…). Pero he de decir que les prefería a los de ahora. Entre psycho Hump, el niño Bayley y el violador de los donuts me dan ganas de vomitar. Y Piscatella. En fin.

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Mi cara cada vez que un nuevo funcionario hace de las suyas debe ser algo así (Fuente)

El problema (por llamarlo de alguna manera, porque en realidad no es un problema sino un signo de que la serie está bien hecha) es que aunque sepas que los personajes son odiosos y asquerosos, no puedes dejar de apreciar lo bien que están hechos y construidos. Los funcionarios nuevos están hechos para no empatizar con ellos. Tienes que odiarles. Tienes que querer atravesar la pantalla, arremangarte la camisa (aunque vayas en vestido de tirantes, jatetú) y pegarles un tortazo en esos caretos que tienen. Es que tienes que odiarles. Y lo haces. Y te das cuenta de que los guionistas han hecho bien su trabajo, porque en el fondo son simplemente humanos odiosos, no los típicos malos de película de “uh, soy malo porque soy malo”. Minipunto para los guionistas.

Pero no. Lo peor no son los nuevos funcionarios. Voy a decir que ojalá lo peor fueran los nuevos funcionarios. No. Lo peor es el final del penúltimo capítulo. Los últimos minutos del 4×12. Mi madre y yo estábamos viéndolo antes de comer y cuando apareció la pantallita naranja que indica el final del capítulo, ni pudimos movernos para alcanzar el mando. Nos quedamos todo lo que duran los créditos finales alternando la mirada entre la pantalla y nosotras. He visto un puñado de series y unas cuantas películas en mis 24 años y medio de vida y he visto muchas cosas crueles en la pantalla. Pero en serio.

La temporada estaba siendo magistral. Todo el tema de lucha de etnias, con el grupo nazi por ahí metido; Piper que despierta de su sueño ario; Alex que intenta superar el hecho de que ha matado, descuartizado y escondido un cuerpo; el nacimiento de algunas bandas… Sin olvidarnos, claro, de los flashbacks y todo llevado con el mismo ritmo que viene llevando la serie desde el principio. Genial. En serio, como siempre. Magistral también el conato de revolución de las internas contra Piscatella y su desenlace en ese momento tenso en el comedor cuando todas se ponen sobre las mesas como protesta (este momento me recordó un montón a ‘El club de los poetas muertos‘ aunque, claro, no tenga nada que ver). Hasta ahí todo perfecto.

Luego se tuerce. Los nuevos funcionarios, a los que, por si acaso no ha quedado todavía claro, desalojan. Bayley coge a la pobre Susan, Poussey intenta defenderla y acaba en el suelo, ahogándose y con la rodilla del idiota de Bayley clavada en la espalda mientras Susan le pega. Y acaba mal, como tenía que acabar.

Mirad, admito las muertes en las series, las pelis y los libros. En serio, lo admito bastante bien. Pero esta no. Lo siento, pero esta no. No sólo acaban con un personaje adorable, carismático y que formaba parte de unas de las parejas más empalagosas pero tiernas de la serie, sino que acaban con ella de esa manera. Y ahora sí que creo que sea una muerte for the plot, cosa que todavía me cabrea más. Porque su muerte desencadena lo que considero que es uno de los mejores-peores cliffhangers que he visto últimamente (en una plano que además me enamoró). Así no se hacen las cosas. Tenía que habérmelo imaginado cuando Brook y ella empiezan a hacer planes, con todo lo del apartamento y los viajes cuando están en la máquina del tiempo de Lolly. Pero no considero que fuera necesario.

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Mira qué bonita, joder (Fuente)

Y aunque he de decir que ese flashback de Poussey en el capítulo final y ese último plano suyo mirando a cámara cura un poquito la herida abierta, sigo en denial.

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