Harley Quinn o “para qué me voy yo a quejar, que está buena”

Antes de nada, quiero comentar que no he visto la película sobre la que versa este artículo, Suicide Squad, y que, en realidad, para el objetivo del artículo no hace falta haberla visto. Porque, en realidad, no voy a hablar de la película como tal. Por lo tanto, si como yo no has visto la película, puedes leer tranquilamente lo que aparezca a partir de aquí. Además, también decir que los hechos que comento aquí no son ninguna novedad, sino me reflexión personal sobre algo que pasó hace tiempo, de lo que ya he hablado en mis círculos privados y sobre lo que estuve pensando, por diferentes motivos, hace poco.

Venga, vamos al lío.

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Diario de una opositora. Semana 2: tu mejor amigo es el café, no te engañes

Después de tirarme la semana 0 sin hacer prácticamente nada, empiezo. Me he autoengañado a mí misma diciéndome que la semana 0 la iba a usar para concienciarme de que empezaba a estudiar y a prepararme los temas, que iba a aprovechar para empezar a organizarme y demás. Pero no nos engañemos. Plantearme cómo hacer las cosas, concienciarme y planificarme lo hice en una mañana. El resto de la semana se ha resumido en un “voy a aprovechar a hacer todo eso que no voy a poder hacer a partir del lunes porque estaré estudiando“. Las cosas como son.

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La gran estafa

Aviso a navegantes: este artículo nace del cabreo y puede tener altas dosis de incontinencia verbal y falta de corrección política. Y ahora que lo he dicho…

El otro día, movida por el hecho de que hace mucho que no empiezo un videojuego yo sola, decidí empezarme el ‘Child of Light’. Llevaba mucho tiempo sin tocar en mi biblioteca de Steam, había leído críticas bastante buenas sobre él, había visto imágenes preciosas in game y había intentado probarlo en mi ordenador a través del Family Share, ya que lo tenía mi hermano. Y digo “intentado” porque lo cierto es que cuando inicié el juego iba bastante mal. Lo achaqué a que por aquel momento mi portátil estaba bastante lleno de mierda (en todos los sentidos de la palabra) y lo dejamos ahí. Abandonado. Llorando. Pobrecito.

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Eso no es ser gamer de verdad

Hace no mucho tiempo, en un intermedio entre las clases del máster, decidí entrar a una web de videojuegos a mirar las últimas noticias del que es uno de mis juegos favoritos: Los Sims (en este caso el 4). Un compañero, con el que ya había hablado sobre videojuegos, cómics y series y que se sentaba detrás de mí, vio que entraba en la web y leía una noticia referente a Los Sims 4, a lo que me comento algo así como: “Cris, te tenía en más estima, mira que jugar a Los Sims…”.

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¿Es mi opinión suficientemente válida?

Durante prácticamente toda mi vida he considerado que mi opinión no era merecedora de ser conocida por todo el mundo. ¿Para qué iba a dar yo mi opinión? ¿Para qué iba a hablar sobre cosas sobre las que otra gente hablaba, cuando me iban a comer con patatas por mis argumentos? ¿Realmente merecía la pena dar a conocer mi opinión, exponerla y exponerme a mí misma a las fauces de los lobos que empiezan a morder cuando oyen algo con lo que no están de acuerdo?

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Reseña: “Jonathan Strange y el señor Norrell”. Inglaterra es mágica

Como me ocurre con la gran mayoría de libros que leo, este libro lo descubrí por casualidad. Y por Twitter. No recuerdo muy bien quién fue, pero comentó algo de la miniserie, acompañada de una fotografía de la misma. Tanto el título como la ambientación que se veía en la captura de la serie me llamaron la atención, así que decidí hacer una rápida búsqueda sobre el título. Lo que encontré me encandiló tanto que no tardé más que dos minutos en averiguar si el libro estaba en la biblioteca y ni siquiera más de dos días en cogerlo.

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24 años, una carrera y dos másters

Tengo 24 años, una carrera y dos másters y ninguna posibilidad de obtener un trabajo de lo mío en un futuro cercano. Supongo que eso es, en parte, mi culpa. Fui yo la que escogí una carrera difícil. Y no me refiero a la dificultad de sus asignaturas o la dureza de los profesores. Me refiero a una carrera dura en cuanto a la hora de abandonar la facultad y aterrizar en el mercado laboral se refiere. Si. Escogí Historia. Todo el mundo me miraba raro. Pero aun hoy, cuando tengo 24 años, una carrera y dos másters, sigo sin arrepentirme de ello.

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