Un año más: 2016

Nunca he sido muy de hacer este tipo de entradas. No es que lo considere estúpido ni innecesario, pero tampoco es que ahora haya sentido la imperiosa necesidad de hacerla. Pero lo cierto es que este año ha traído cosas muy positivas a mi vida y creo que la mejor manera de hacer justicia a todas esas personas que han aparecido o que han permanecido a mi lado viviendo cosas maravillosas es que nada caiga en el olvido. Y como yo soy así, pues se me ocurre que una manera de que no caiga en el olvido es escribir sobre ello.

Tampoco os esperéis una elaborada entrada de “todos los objetivos que me marqué para el 2016 versus todos los que he cumplido” porque nunca me marco objetivos para el año que entra. ¿Por qué? Me parece una manera de frustrarte a ti mismo al final del año y de decepcionarte. ¿Que te decepcionarás y te frustrarás igualmente? Posiblemente. Pero una lista que materialice realmente tus “fracasos” no ayuda. Además, creo que tus objetivos tienen que ser los que quieras hacer en ese momento. A lo mejor en enero yo quiero una cosa pero en julio quiero otra totalmente distinta para mi vida. Eso no me hace un fracaso. Simplemente me hace una persona que cambia, que evoluciona, que va de un lado a otro viviendo, nada más. No por tachar cosas de una lista eres mejor o peor que alguien que no lo hace.

Dicho esto, vamos realmente a lo que me ha traído aquí. Mi 2016.

Empecé el año en Sevilla. Bueno, en realidad lo empecé en Burgos, porque eran las vacaciones de navidad, pero ya me entendéis. 2016 fue la continuación de la locura que hice yéndome a vivir a Sevilla para hacer mi máster soñado. Fue seguir viviendo la experiencia de estar en la otra punta del país, de estar con esos amigos que hice en el sur y que, en el fondo, no se irán nunca.

Pero también fue el año de marcharse de Sevilla, de dejar el hogar para volver al hogar y posiblemente eso sea lo más duro que he vivido este año.

2016 ha sido el año de plantearme el futuro. Es duro, esto de pensar qué hacer con tu vida y no saber responderte. Pero también ha sido el año de tomar resoluciones con respecto a eso: ha sido el año de empezar a opositar. Apenas acabo de empezar a caminar por ese sendero y ya estoy deseando que acabe, llegar al examen y que pase lo que tenga que pasar. Quién sabe, a lo mejor apruebo. O quién sabe, es muy probable que no. Pero eso ya se lo dejo al 2017.

También ha sido el año de saber quién merece la pena. Me he llevado muchas decepciones con la gente este 2016, especialmente una, que fue la que más me dolió. Pero después piensas y te das cuenta de que esas personas que decepcionan, esas personas que se van, son en las que no merece la pena pensar. Es mucho mejor dedicarle tu tiempo y tus fuerzas a esa gente que está ahí, en las duras y en las maduras, a los que se acuerdan de ti aunque no te escriban todos los días y a los que se acuerdan de ti y te escriben todos los días. Dedicarle tiempo y fuerzas a la gente que te ha decepcionado y ya no está es sólo quitarle tiempo y fuerzas a la gente que, de verdad, merece la pena.

2016 ha sido, además, el año canario. He viajado dos veces a Canarias, a dos islas distintas. Y viajaría mucho más. Por razones obvias.

2016 ha sido el año de conocer a la versión de Cris que estoy construyendo con el paso de los años. Estos últimos meses me he estado planteando cosas sobre mí que jamás me habría planteado, me estoy redescubriendo a mí misma y me estoy aceptando, poco a poco. Algo que no podría hacer sola, desde luego. 2016 ha sido el año de darse cuenta de que no merece la pena luchar contra quien realmente eres, porque no tiene ningún sentido. Gastas unas fuerzas que, de nuevo, merece más la pena gastar en otros asuntos realmente más importantes que en ponerte trabas a ti misma.

2016 ha sido el año de volver a bailar (en una academia). Cómo lo he echado de menos.

2016 ha sido un año de reafirmarme en el hecho de que lo que más me gusta en esta vida es escribir y que sin escribir no podría sobrevivir. Tampoco podría sin bailar, para qué mentiros.

2016 ha sido el año de proyectos maravillosos y de personas increíbles. Nació Todas Gamers y creo que no hay ni un solo día desde agosto/septiembre que no de las gracias porque se cruzara en mi camino una iniciativa tan asombrosa y que nos trae a todos tantas cosas buenas. Y que también ha traído a mi vida personas maravillosas.

Ha sido también el año de dudar. También ha habido llantos y gritos. Pero no me quiero quedar con las cosas malas de este año. Quiero quedarme con lo bueno, porque quiero empezar a construir cosas buenas, cosas bonitas por las que merezca la pena romperse las uñas y agrietarse los nudillos.

En definitiva, 2016 ha sido un buen año para mí. A nivel mundial ha sido una mierda y todos los sabemos. Pero yo no me puedo quejar, y mira que me gusta quejarme.

Al 2017 solo le pido poder seguir caminando los senderos que he descubierto este 2016 y por los que me gusta dirigir mis pasos. Nada más (y se dice pronto). Ah. Y también le pido mucha escritura, muchas sonrisas, mucha música y mucho baile.

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