Diario de una opositora: mi vida tras las vacaciones

Ha pasado más de un mes desde mi última entrada en el Diario de una opositora y os juro que todo ha sido por dos buenas razones: estudiar y descansar. Está claro que en el proceso de una oposición lo más importante es el estudio porque, básicamente, si no estudias no apruebas. Pero si  hay algo igual de importante es el descanso. Porque, sin descanso, pierdes el norte.

Me había mentalizado de que no iba a tener vacaciones de navidad, que iba a tener que pasarme esas dos semanas y media estudiando como una jabata sin poder disfrutar de comidas, cenas y otras reuniones como a mí me gusta. Ya había asumido que lo que se esperaba de mí era que estudiara sin descanso, que madrugara como cualquier otro día y que hiciera como si no fueran vacaciones (aunque para el resto del mundo sí lo fuesen).

Pero, como conté en mi última entrada, a principios de diciembre me derrumbé por completo. Y lo cierto es que ese momento de bajón se mantuvo más o menos estable a lo largo de todo el mes, por lo que cuando llegó el día 20 de diciembre decidí que, en contra de lo que me había repetido a mí misma desde que empezara a estudiar, en contra de lo que había asumido que iba a hacer en navidad, necesitaba un descanso.

Así que me tomé unas vacaciones.

Dormí. Cogí perspectiva. Seguí bebiendo café, porque sin café a media mañana no soy la misma. Pensé en lo que estoy haciendo, en todo lo que me estoy esforzando por una simple quimera (o una simple oportunidad) y me quejé mucho, porque si hay algo que me gusta es quejarme, de que todavía no se sepa nada sobre las oposiciones. Pensé en la incertidumbre, en por qué me lo estoy jugando todo a una sola carta (a si sale oposición o a si no sale).

Y como quien no quiere la cosa, entre tanto pensar, tanto café y tanto dormir, me encontré con que había llegado el día de volver a coger la rutina por los pelos y volver a estudiar.

Me ha costado una semana entera volver a pillar el ritmo de madrugar, estudiar, comer y volver a estudiar y lo cierto es que todavía no sé si he cogido de nuevo la rutina o lo que he hecho ha sido crear una nueva (hoy me he levantado hasta más pronto porque hay que darlo todo), pero tampoco importa mucho.

Lo que importa es que a veces, yo incluída, nos obcecamos en que lo único importante en todo esto es estudiar. Nos escudamos en que para aprobar hay que estudiar y si, es completamente cierto, pero no es una verdad absoluta. En la vida hay otras cosas. Y no tengo ni 25 años, en mi vida hay otras cosas que no quiero perderme por una quimera. Más que nada porque si me pierdo las cosas que tengo que hacer con mis 25 años, me arrepentiré durante toda mi vida, tanto si me saco la plaza ahora como si no lo hago o lo consigo dentro de 10 años.

Estudiar es importante, claro que si. Pero también lo es descansar. Pararte en medio del camino, sentarte a ver anochecer, respirar profundamente. Y luego volver a andar con más ganas, si cabe, que cuando te detuviste. Una oposición es una carrera de fondo, no un sprint.

Más nos vale tenerlo claro a todos o nos perderemos por el camino.

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