Diario de una opositora: 4 meses después

Hoy hace exactamente cuatro meses que empecé a estudiar y adivinad. Sin noticias todavía.

Me encuentro aquí, con el café en la mano después de una sesión mañanera de estudio del temario de leyes y lo cierto es que no sé muy bien cómo sentirme. No tengo la sensación de que hayan pasado cuatro meses desde que senté por primera vez frente al escritorio y me puse a preparar temas. No puedo creerme que ya, o sólo, hayan pasado cuatro meses.

La verdad es que se me han hecho, al mismo tiempo, largos y cortos. Largos porque, por muy positiva y necesaria que sea la rutina para un opositor, no dejas de tener la sensación de que estás viviendo el mismo día una y otra vez.

Te levantas. Desayunas. Estudias. Te tomas el café. Tienes un poco de tiempo libre. Estudias. Otro café. Sigues estudiando. Cenas. Tienes un poco de tiempo libre. Y te metes a la cama.

Para que luego llegue el fin de semana y en un parpadeo se te pase.

Pero cortos porque, al fin y al cabo, piensas: “cuatro meses no son nada” y te das cuenta de que sólo, o ya, llevas preparado la mitad del temario.

He perdido la cuenta de las veces que me han preguntado a lo largo de estos cuatro meses qué tal llevo las oposiciones y, para qué mentir, nunca sé qué responder. En realidad, porque tampoco sé muy bien cómo las llevo. Es decir, tengo mi rutina, estudio mis temas, intento no derrumbarme, pero sé que si mañana me ponen el primer examen delante, no sería capaz de escribir una sola línea. Y sinceramente, no sé si eso es llevarlo bien, llevarlo mal o llevarlo como el resto de los mortales que deciden dar voz a la locura y prepararse unas oposiciones.

Quizá es una buena señal, después de todo. Quizá para realmente enfrentarse al examen hay que tener un estado mental pleno que se va alcanzando a lo largo de los meses de estudio y que yo todavía no he adquirido. Quizá el hecho de ser consciente de que todavía no sería capaz de ello es sólo una señal de que todavía no he perdido la poca cordura que me queda. Quién sabe.

En otro orden de cosas, todavía no hay una convocatoria. Cuatro meses después de haber empezado a estudiar seguimos con la incertidumbre colgando sobre nuestras cabezas. Pero, como todo en este proceso, tiene su parte negativa y su parte positiva. La parte positiva es que cada día sin noticias vamos ganando un día de estudio; que queréis que os diga, llegados a este punto, es casi como una bendición.

La parte negativa es que estar sin tener noticias es bastante cansado. Estudiar sin un punto fijo agota mentalmente y te acaba hartando. Terminas con ganas de gritar que sea el examen ya, aunque eso signifique que vayas a suspender porque no vas lo suficientemente preparada. Tengo unas ganas tremendas de que salga ya la fecha porque así, al menos, tendré algo seguro. Porque “estudiar por estudiar”… a veces acabas perdiendo un poco el norte y las ganas.

En definitiva. En estos cuatro meses opositando poco ha cambiado. Quizá me cueste un poco más encontrar la motivación para seguir estudiando, encontrar una razón para levantarme por la mañana. Sigo buscando el café cada mañana porque, yo qué sé, drogas de opositores. Quizá esto se está haciendo cada vez más duro, sobretodo cuando vas a estudiar y terminas distrayéndote a la mínima porque tanta falta de ganas hace que también te falte la concentración.

Cuatro meses después esto sigue siendo duro y, de hecho, más duro de lo que había imaginado.

Ay. Se me ha acabado el café.

gilmore-coffee

Lorelai Gilmore es mi espíritu animal (?)

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