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¿Por qué elijo a mujeres? (II) – Escritura

Hace no demasiado tiempo os conté por qué elijo a los avatares femeninos cuando juego a un videojuego. Sin embargo, mi elección por las mujeres no se reduce simplemente a eso, sino que va mucho, mucho, pero que mucho más allá. Por ejemplo, a cuando tengo que escoger un punto de vista y un protagonista para comenzar una nueva historia.

Para quien no lo sepa, llevo escribiendo desde que tengo uso de razón. Cuando era pequeña, tenía una libreta tamaño cuartilla en el que escribía pequeñas historias de una hoja por las dos caras (con ilustración de la trama o del final incluida). Desde entonces, no he entendido mi mundo sin escribir y, aunque con parones más o menos largos debidos al desánimo y al desencanto, considero que hacerlo es parte de mi día a día.

Dedico mucho tiempo a mis historias y considero que una de las partes más importantes de las mismas son los personajes. Una buena historia con unos personajes mediocres no hay quien la salve, pero unos personajes maravillosos van a brillar aunque la historia sea la más simple y plana del mundo (o, al menos, esa es mi opinión)*. Y del mismo modo que los personajes son importantes, también lo es el punto de vista.

El punto de vista de tu historia va a marcarlo todo. Va a marcar el modo en que tu lector vea los acontecimientos o a los demás personajes y va a condicionar también tu manera de contar la historia.

Hace algo de tiempo elegía más o menos al azar el punto de vista y, por ende, el género de mis personajes. Me daba lo mismo utilizar alguien de género masculino o de género femenino y consideraba que eso no condicionaba la historia de ninguna de la maneras. Por fortuna, con el paso de los años me he dado cuenta de que no es así y de que la elección de tus personajes y de tus protagonistas debe ser consciente y consecuente a lo que quieres contar.

Es por eso que últimamente me encuentro siempre escribiendo desde el punto de vista de una protagonista. Ha sido un cambio progresivo, casi inconsciente, pero me he dado cuenta de que lo he hecho como consecuencia de las historias que quiero transmitir.

No escribo desde la perspectiva de un personaje femenino porque, como mujer, esté obligada a ello desde la sociedad. No. Pero si escribo desde la perspectiva de un personaje femenino es porque soy mujer (kinda). ¿Quiere decir esto que no puedo escribir desde el punto de vista de un personaje masculino porque no soy un hombre? No. ¿Quiere decir esto que considero que un hombre no puede escribir desde el punto de vista de un personaje femenino por el mero hecho de ser hombre? Tampoco.

De un tiempo a esta parte, como decía, he pasado de escribir historias con protagonistas de género indistinto a elegir a las mujeres como punto de vista principal y protagonista de mi relato. Me da igual que sea un relato, un microrrelato, una novelette o una novela, pero el 90% de las veces me decanto por una mujer**. ¿Por qué? Pues porque me es más cómodo.

No me malinterpretéis. Como escritora, me gusta salir de mi zona de confort y agradezco mucho las convocatorias, los retos o las ideas que me ayudan, día a día, a explorar géneros o formatos que nunca antes había probado. Del mismo modo, también me gusta experimentar con distinto tipo de personajes. Me gusta sentirme incómoda en ese aspecto. Pero, sin embargo, busco sentirme cómoda con mi protagonista por la sencilla razón de que si estoy cómoda con ella (digo ella porque suele ser mujer, como ya habréis podido concluir) voy a poder explorarla más allá. Voy a poder contar historias que sé que son verdad y, al mismo tiempo que voy conociéndola me voy a ir conociendo a mí misma.

Del mismo modo, también estoy un poco harta de la visión que los Señores™ dan continuamente de las mujeres en la literatura. Lo hablaba el otro día con una amiga: queremos creer que el mundo ha cambiado tanto, que la representación de la mujer ha cambiado tanto… pero luego nos encontramos siempre con los mismo arquetipos, historias y ejemplos (en este caso, en la literatura), escritas por los mismos Señores™ de turno. Y creo que como mujer y escritora tengo el poder para cambiar eso, dando a mis personajes femeninos, tanto principales como secundarios, más verdad de la que tienen esas historias que se siguen publicando como nuevas pero siguen siendo las mismas.

Quizá es una elección demasiado cómoda o cobarde, quizá sea todo lo contrario. Lo cierto es que todavía no lo sé. Pero lo que sí sé es que voy a seguir protagonizando mis historias, sean de la longitud que sean, con mujeres. Porque, del mismo modo que elijo mujeres para jugar porque quiero ver que como mujer, puedo, escribo sobre mujeres porque quiero ver que como mujeres, seguimos pudiendo.

Bonus – el martes pasado, Rocío Vega sacó este artículo, en el que también habla de por qué escribe personajes femeninos. Echadle un ojo. Recomendadísimo.


*No entiendo esto como una excusa para hacer tu historia mala. Para que un relato de la longitud que sea funcione de verdad tiene que tener tanto unos personajes memorables como una historia buena.

**Digo 90% de las veces porque si, también escribo desde el punto de vista de un hombre de vez en cuando, pero últimamente no es nada común.

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