La importancia del rechazo

Dejadme que os cuente una historia

Imaginaos a una Cris en cuarto de la ESO. 16 años. Una Cris que acaba de terminar una novela de la que está terriblemente orgullosa y que incluso se atreve a dársela a su profesor de lengua, al que admira y quiere, para que la corrija. Imaginaos ese profesor de lengua aceptando, corrigiendo la novela y devolviéndosela a esa Cris de 16 años con una sonrisa en la boca y diciendo “está muy bien“.

¿Os lo habéis imaginado? Bien.

Evidentemente, esa Cris de 16 años soy yo hace 9 años. Eso, evidentemente, pasó. Ese profesor de lengua es, quizá, uno de los mejores profesores que he tenido en la vida y seguramente tengo que agradecerle el hecho de que ahora mismo siga escribiendo. Pero dejadme que os siga contando.

Bien. Después de la corrección de la novela (que os diré, así en petit comité, que se llamaba ‘El bosque‘ e iba de un pueblo de elfos que tenía que luchar contra un señor malo que iba entero vestido de negro*), decidí lanzarme a la piscina y mandarla a un concurso de novelas aleatorio. Ahora no recuerdo muy bien cuál era, pero me cuadraba. Por aquel entonces todavía había que mandar los manuscritos impresos en papel, con la plica en un sobre (dios mío, me siento muy vieja de repente). Y allá que lo hice. Encuaderné los tres originales y los mandé con toda la ilusión del mundo. Me sentí muy bien al hacerlo y realmente orgullosa de mí misma.

Sobra decir que no gané. Evidentemente. Tenía 16 años, una prosa que no había terminado de madurar (como yo misma) y una novela de fantasía que quizá no era lo que buscaban los jueces y con una trama muy simplista. No os equivoquéis, no creo que mi prosa haya terminado de madurar; de hecho, no creo que vaya a dejar de madurar en ningún momento porque, si bien creo que tengo un estilo propio (o al menos me encamino hacia él), creo que no va a dejar de evolucionar y de madurar en ningún momento. Pero ese no es el camino por el que quiero llevar este artículo.

El caso es que, tras ese rechazo, me desanimé profundamente. Creo que nunca he sido una persona que lleve bien el fracaso y tampoco me voy a parar aquí a analizar el motivo de por qué creo que eso es así. El tema es que me sentó bastante mal el no haber ganado, aunque, viéndolo con no tanta perspectiva era obvio que no iba a ganar nada. Sin embargo, después de esa experiencia decidí que no iba a volver a presentarme a un concurso de esas características.

Por supuesto, me presenté a alguno más (sobretodo a los que convocaba el instituto), pero tampoco me desvivía por ello. Veía muchos concursos en la red y aunque por un momento fantaseaba con presentarme y ganar, al segundo siguiente decidía que no me merecía la pena. O, simplemente, se me olvidaba que existía el concurso.

Demos un pequeño salto, pues.

Decir que he vuelto a los concursos suena un poco a esa diva que después de retirarse de los escenarios vuelve con un bolo por todo lo alto, pero lo cierto es que es lo que ha pasado. He vuelto a los concursos, a mandar relatos con la esperanza de ganar algo, aunque sea un poco de reconocimiento.

Y el otro día salió el fallo de un concurso en el que tenía puestas esperanzas, porque creía que podía ganar. Sobra decir que mi actitud al respecto no me enorgullece y horas después me avergonzaba de mí misma y de mi postura infantil. Es decir, me rechazaron. Y ya está. Enfadarse por no haber resultado elegida es estúpido, pero lo que me molestaba de verdad era el hecho de haberme hecho ilusiones. Porque, veréis, soy una persona que se hace ilusiones de forma muy rápida y luego se pega la hostia.

Sin embargo, creo que en estos casi 10 años desde aquel fallido concurso, creo que he madurado. Por lo menos lo justo como para darme cuenta de que un rechazo no significa nada. Puede que hayas tenido mala suerte. Puede que al jurado no le guste tu estilo. Puede que el jurado no lea el género literario que tiene tu relato. Puede, puede, puede… Pero no significa que seas malo. No significa que escribir no sea lo tuyo.

Así que os digo lo que me han dicho a lo largo de estas dos semanas: escribe. No importa lo que diga un jurado de ti. Como escritor, no puedes gustar a todo el mundo, es imposible, del mismo modo que como lector no todo lo que lees te gusta. Admitir eso es un proceso difícil si, como yo llevas, mal el fracaso. Como también es difícil darse cuenta de que un rechazo no es un fracaso. No has fracasado como escritor si no te han elegido como el mejor relato de un concurso.

El fracaso como escritor es, creo yo, dejar de escribir.

No dejéis que un rechazo os desanime. He tenido unos cuantos, así que creo que sé de lo que hablo. Escribid. Escribid, malditos.

Bonus ─ Ayer salió el fallo de otro de los concursos que esperaba con ansia. Tampoco salí seleccionada entre las mejores o las finalistas y, aunque el jurado hizo una mención a mi relato junto al de otras participantes por haber estado a punto de ser finalistas, sigo contándolo como una especie de rechazo. Sin embargo, he sabido gestionarlo mejor. He sabido aceptar el hecho de que no haber estado entre las mejores no hace de mi relato un peor relato. Ahí es donde radica la importancia del rechazo.


*Creo que solo la han leído tres personas en este mundo: mis padres, mi profesor de lengua y mi mejor amigo. No, no vais a leerla. Si, sigo teniendo una copia impresa.

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6 comentarios en “La importancia del rechazo

  1. La Bruja del Teatro dijo:

    ¡Ese es el espíritu!
    Yo lo que tengo son dos carpetas, una para rechazos y otra para logros conseguidos (Quien dice carpetas de ordenador dice páginas bien bonitas de una libreta, pero soy así de cutre). De esta manera siempre que me desanimo con los fracasos miro la otra para recordar que también he conseguido algo y animarme así a seguir escribiendo.
    Porque eso es lo importante: ESCRIBIIIIIIR SIN DETENERSE. Y seguro que a la próxima arrasas, un saludo 😀

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  2. La escritora entre el centeno dijo:

    Yo he aprendido a tomarme los concursos como una forma de escribir, de obligarme a sacar esas pequeñas ideas que siempre dejo para después y de retarme a mí misma. Los mando con la certeza de que no ganaré, aunque siempre está esa parte de tu cabeza a la que le gusta fantasear e imaginarse que sí ganas.
    Por cierto, yo también le regalé mi primera historia a mi profesora de Lengua y me dio mucha alegría cuando vi su cara de sorpresa e ilusión ^^
    Un saludo!

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    • LuverC dijo:

      La verdad es que acaba siendo lo mejor. Además, los concursos suelen hacerte salir de tu zona de confort y eso siempre es algo positivo. ¡¡A mí me pasó lo mismo!! De hecho es esa cara de ilusión la que me hizo seguir escribiendo después del primer rechazo 🙂

      Un saludo y gracias por pasarte y comentar :***

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  3. Logan R.Kyle dijo:

    Ay, qué bonita eres.
    Te entiendo a la perfección. Es imposible no desanimarse con un rechazo, por lo menos de antemano, cuando te empiezas a preguntar por qué tu novela o relato no, pero esos otros sí, qué tiene de malo lo que tú escribiste y por qué no es válido cuando creías que era genial.
    Yo no me he presentado a demasiados concursos. Como fotógrafa me presenté a un par de ellos, premios grandes; uno para una beca, y no gané ninguno. Ni siquiera quedé finalista. Sé que en el primero fue porque mi técnica y estilo no eran maduros, pero también por la temática. En el segundo, sin embargo, nunca entendé qué no gustó de aquel trabajo; pero tampoco le di muchas más vueltas.
    Como escritora me he presentado a pocos, puede que a tres, y he recibido tres rechazos que me han hecho pensar en muchas cosas. Siempre me permito estar triste durante un día, y al día siguiente seguir adelante y olvidarlo.
    Yo también creo que el fracaso como escritor es dejar de escribir. Y eso no me lo puedo permitir, porque todavía tengo que mejorar infinitamente.
    Te mando mucho amor ❤

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    • LuverC dijo:

      Tú si que eres bonita ❤
      Es algo complicado, el no desanimarse después de un rechazo, pero lo cierto es que si acabamos con los ánimos y la autoestima por los suelos cada vez que no nos premian en un concurso… pues mal vamos. Aunque sea difícil convencerse a una misma, hay que tirar hacia delante tras los fallos.
      No dejemos nunca de escribir.

      Mucho amor para ti también ❤ ❤ ❤

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