52 retos LiterUp 2018

Reto #3 – Bajo el viejo sauce

3. Piensa en tu libro favorito e imagina un fanfic, pero con animales.


Había algo malvado acercándose. Podía sentirlo en la punta de sus orejas peludas y al final de cada uno de sus bigotes.

Salió trotando por el agujero de debajo del árbol y oteó. En medio de la oscuridad de la noche, no se veía nada, pero, a lo lejos… Sí, sí. Aquello podían ser aullidos. Lejanos, muy lejanos todavía, pero aquellos sonidos salían de gargantas de animales asustados. Estiró las orejas, intentando oír más allá del viento y del ulular de la lechuza que siempre acampaba en las ramas de su árbol por las noches.

«Ojalá se callara ya», se dijo.

Una vibración se comenzó a extender por debajo de las almohadillas de sus patas y a sus orejas puntiagudas llegó el sonido de un millar de patas trotando a toda velocidad por encima de la hojarasca.

Y en ese momento, temió.

***

Derrapó para poder entrar en el agujero que la vieja Tigri, con su pelaje atigrado brillando a la luz mortecina de la luna, le señalaba con su propio cuerpo. En sus ojos podía ver el brillo, la urgencia, la incertidumbre de no saber qué era lo que pasaba en el bosque, en su bosque. Sin embargo, no se detuvo junto a ella; su propio pellejo le parecía más importante en ese momento.

Corrió por el túnel, como muchos otros animales. La tierra temblaba bajo el peso de un montón de patas, que se desplazaban por las decenas de galerías que horadaban la tierra bajo el viejo sauce hasta llegar a lo que a él le gustaba llamar “La Gran Cámara del Refugio”.

Se suponía que al llegar a ella debía sentirse mucho más seguro pero, la verdad por delante, no lo hizo.

***

Se detuvo junto a la vieja Tigri. Le dolía el pecho y notaba el corazón trotando cual caballo desbocado, tan rápido que pensaba que, de un momento a otro, se iba a dar por vencido y se iba a detener. Sin embargo, no lo hizo.

Miró a un lado. La gata estaba junto a ella, con el pelo del lomo erizado y la boca abierta en un bufido silencioso. Enseñaba los dientes, rabiosa, asustada, amenazada. Más allá, los dos zorros no dejaban de andar, nerviosos, alrededor de la gata, con la cola metida entre las piernas, oteando la oscuridad a su alrededor.

Y entonces, oyeron el siseo.

Era un sonido claro, que los envolvía y hacía que el pelo de su lomo se estremeciera. La vieja Tigri se erizó y arqueó la espalda hasta el extremó. Bufó, sin dejar de enseñar los dientes hacia la oscuridad neblinosa frente a ella.

Apareció una figura y, luego, otra, y a ellas se fueron uniendo muchas más, hasta que todo alrededor del tronco del viejo sauce se convirtió en un mar de figuras oscuras y serpenteantes que se movían a un mismo son que ellos no podían escuchar. Ella se preparó para saltar, como la vieja Tigri y sus dos compañeros.

Serpientes. Malditas fueran las serpientes.

Una de ellas se adelantó y un rayo de luz blanca dio de lleno en su piel húmeda y brillante. Había algo en sus ojos… No sabía qué era, pero no era bueno. No podía serlo. No es que ella hubiera visto muchas serpientes en su corta vida zorruna, pero sabía que los ojos de aquellos animales no debían ser así. Había algo, algo malvado, que la estaba poseyendo.

Y, como no tuvieran cuidado, ellos cuatro y todos los que se habían refugiado bajo el viejo sauce acabarían igual: consumidos, poseídos, rabiosos, por algo que no entendían.

La serpiente frente a ellos siseó, con su horrible lengua bífida fuera. Parecía decir que se apartaran de su camino, que necesitaba entrar en el viejo sauce. La respuesta de la vieja Tigri fue un bufido agudo, alto, que les taladró los tímpanos.

Y la serpiente pareció sonreír.

Comenzó a acercarse, lentamente, arrastrando su cuerpo por la tierra húmeda, rompiendo la niebla a su paso. Ella tragó saliva, pensando qué hacer.

Una sombra cruzó por delante de sus ojos y agarró el grueso cuerpo de la serpiente entre sus fauces. Miró hacia los lados, solo para darse cuenta de que era uno de sus compañeros quien estaba ahí delante, agarrando entre sus colmillos el cuerpo de la serpiente. Dio un paso, mientras el zorro se peleaba con lo que parecía una culebra muerta, pero no se atrevió a saltar. Una pizca de satisfacción le recorrió el cuerpo cuando vio que soltaba el cuerpo inerte del animal y lo dejaba caer sobre la tierra.

Dio otro paso, pero se detuvo con la pata en el aire.

El zorro convulsionaba. Su pelaje cobrizo había tomado un color verduzco, apagado incluso a la luz de la luna. Se movía como si quisiera vomitar, pero de su garganta no salía nada. Y, entonces, la serpiente que él había matado se alzó de nuevo sobre su propio cuerpo. De los agujeros que el zorro había dejado en su piel salía una sangre verdosa y espesa. Parecía satisfecha.

Su compañero cayó, muerto y la serpiente, victoriosa, siseó.


 

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4 comentarios en “Reto #3 – Bajo el viejo sauce”

  1. ¡Hola Cris! Vengo de una iniciativa de WordPress, pero no vengo para hacerte spam ni nada. Simplemente estoy siguiendo los blogs que más me gustan y guau, el tuyo no pasa desapercibido. Debo recalcar lo mucho que me gusta tu encabezado, en serio. Y por cierto, los sugus de piña azulitos por fuera, obvio (mi color favorito) son lo mejor. En cuanto a este reto, creo que voy a seguir cotilleándote, eh. Me parece super original y, lo que has sido capaz de crear a modo de fanfic de tu libro favorito con animales es IN CRE Í BLE. En serio, eres genial jajaa! Un besote enorme!! 🙂 Fiel lectora nueva, que lo sepas!

    Le gusta a 1 persona

    1. WAAAAAAAAAA muchísimas gracias por tus palabras ❤ Espero verte por aquí cuando siga colgando los retos (me he tenido que tomar un mini hiatus por motivos de salud, pero pronto volveré)

      Un besazo

      Le gusta a 1 persona

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